La dieta condiciona en gran parte el riesgo genético de la obesidad

Investigadores del departamento de Medicina preventiva de la Universitat de València, liderados por Dolors Corella, han participado en este descubrimiento, el primero en el mundo que consigue ratificar los resultados de la modulación gen-dieta en tres estudios de poblaciones diferentes, según informó la institución académica en un comunicado.

La doctora Corella destacó que el estudio “acaba con el mito de que la obesidad va asociada únicamente a factores genéticos, mientras que las conclusiones servirán para avanzar en recomendaciones dietéticas más personalizadas y exitosas”.

El equipo del departamento de Medicina Preventiva de la Universitat de València ha participado, junto con el doctor José Ordovás, en el descubrimiento de la interacción entre la dieta y la genética y su influencia tanto en la obesidad como en índices elevados de masa corporal.

La investigación, dirigida por el Human Nutrition Research Center de Boston (EEUU), ha demostrado que el riesgo genético de la obesidad “está altamente condicionado por el tipo de dieta”. “La obesidad no sólo se produce a causa de la alimentación o por la susceptibilidad genética, sino que depende de una interacción muy estrecha entre ambos factores”, señaló la UV.

Los resultados de este trabajo, que permitirá “avanzar” en las recomendaciones dietéticas, acaban de ser publicados en la revista Archives of Internal Medicine.

De este modo, los científicos “rompen con la visión determinista de la obesidad asociada a la genética, ya que han identificado que hay una variación genética en el genoma de las personas que se asocia con mayor riesgo de obesidad, pero solamente cuando los individuos consumen una dieta alta en grasas saturadas”.

Aumenta el Riesgo en un 80%

En consecuencia, este tipo de alimentos “aumenta el riesgo de obesidad hasta un 80% en las personas con la mutación, en comparación con otras que también consumen dietas altas en grasas saturadas, pero que no tienen la mutación genética analizada”, explicó Dolors Corella.

Sin embargo, cuando la dieta es baja en grasas saturadas, esta variación genética no se asocia con mayor riesgo de obesidad, con lo que se pone de manifiesto “la importancia de la dieta para modificar el mayor riesgo conferido por una variación genética“.

Concretamente, el marcador genético de la obesidad se ha localizado en el promotor de un gen llamado APOA2, que se encuentra en el cromosoma número 1 de los seres humanos. Así, mediante un sencillo análisis genético se puede conocer qué personas poseen la variante genética de riesgo.

En este caso, el resultado del test genético para la presencia de la mutación sería ‘CC’, mientras que los portadores del alelo T, tendrían un resultado normal. La frecuencia de personas CC es de un 15% en población blanca de Estados Unidos y similar en Europa.

La relevancia de esta investigación radica en que ha sido la primera vez que los resultados de una interacción gen-dieta se han reproducido en tres poblaciones independientes, por lo que “se ha incrementado su validez”. Los estudios incluidos han sido: el Framingham en Estados Unidos, el denominado GOLDN, también en Estados Unidos, y el estudio Boston-Puerto Rican Study, centrado en los hábitos de vida de la comunidad puertorriqueña que vive en Boston.

Esta variación genética estudiada sólo se encuentra en un 15% de la población, por lo que todavía existen otras variaciones por descubrir. “Los análisis conjuntos futuros nos permitirán tener un mayor conocimiento sobre la influencia de la susceptibilidad genética y de la dieta en el desarrollo de la obesidad y, de este modo, poder aplicarlo a recomendaciones dietéticas más personalizadas y exitosas”, argumentó la doctora Corella, quien continúa sus investigaciones en esta línea de la nutrigenómica de la obesidad en la Universitat de València y integrada en el CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición.

La comida sana previene la depresión en la mediana edad

Una dieta saludable, rica en frutas, vegetales y pescado, es muy efectiva a la hora de mantener la salud y la figura. Pero, además, un grupo de investigadores encontró que este buen hábito tiene otro beneficio extra: previene la depresión en la mediana edad.

La depresión no es una simple tristeza pasajera, sino un profundo problema en el estado de ánimo que hace que una persona no pueda seguir con su vida habitual. Por ese motivo, se considera que es un trastorno incapacitante que requiere de atención por parte de especialistas.

No existe una causa única de depresión, pero se considera que se desarrolla por una combinación de factores psicológicos, genéticos y bioquímicos. Sus síntomas varían mucho de persona a persona, pero los más habituales suelen ser la tristeza o ansiedad profundas, la irritabilidad, el pesimismo, los problemas para concentrarse, la perdida de interés por las actividades que antes se disfrutaban, entre muchos otros.

Alimentos para sonreír

Los científicos de la Universidad del Colegio de Londres, el Instituto Nacional para la Salud y la Investigación Médica (Francia) y la Universidad de Montpellier (Francia) investigaron el efecto de una dieta sana general sobre el estado de ánimo. Comentaron que la mayoría de los trabajos previos se enfocaron en la influencia de nutrientes específicos sobre la depresión, pero dejaron de lado el análisis de la alimentación como un todo.

En total, analizaron a 3,486 hombres y mujeres de una edad promedio de 57 años. Pudieron identificar dos hábitos de alimentación entre ellos. Por un lado, estaban los que comían sanamente un conjunto de frutas, vegetales y pescados. Por otro lado, algunos voluntarios preferían comida procesada como los postres con azúcar, frituras, granos refinados y productos lácteos con mucha grasa.

Después de cinco años, los científicos les presentaron un cuestionario destinado a evaluar la presencia de una posible alteración en el estado de ánimo. Las personas que se alimentaron a base de alimentos procesados tenían un riesgo 58% mayor de desarrollar una depresión.

Los investigadores aclararon que aunque notaron un patrón muy consistente entre alimentación y depresión, se deberá realizar más estudios para confirmarlo de manera definitiva. Además, no descartan la posibilidad de que sea al revés, es decir que las personas que tiene tendencias depresivas elijan más habitualmente los alimentos procesados.

Tomar café y té puede reducir el riesgo de diabetes

cafeLos individuos que beben más café, normal o descafeinado, o té parecen tener un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, según una revisión de análisis que ha realizado un equipo de investigadores de la Universidad de Sidney en Australia. Los resultados del estudio se publican en la revista ‘Archives of Internal Medicine‘.

Hacia el año 2025 aproximadamente 380 millones de individuos de todo el mundo se verán afectados por la diabetes tipo 2. Aunque se sabe que la obesidad y la inactividad física aumentan el riesgo de diabetes sigue siendo incierto el papel de los factores del estilo de vida y la dieta.

Los científicos, dirigidos por Rachel Huxley, identificaron 18 estudios en los que se incluían 457,922 participantes y que evaluaban la asociación entre consumo de café y riesgo de diabetes que se publicaron entre 1966 y 2009. Seis de los estudios en los que participaban 225,516 individuos también incluían información sobre café descafeinado, mientras que siete de ellos con 286,701 participantes informaban sobre consumo de té.

Cuando los autores combinaron y analizaron los datos, descubrieron que cada taza de café adicional consumido en un día se asociaba con una reducción del 7 por ciento en el exceso de riesgo de diabetes. Los individuos que bebían entre tres y cuatro tazas al día tenían aproximadamente un 25 por ciento menos de riesgo que aquellos que bebían entre cero y dos tazas al día.

Además, en los estudios que evaluaban el consumo de café descafeinado, aquellos que bebían más de tres a cuatro tazas diarias tenían una tercera parte menos de riesgo de diabetes que aquellos que no bebieron ninguna. Los que tomaban más de entre tres a cuatro tazas tenían una quinta parte menos de riesgo que los que no bebían té.

Debido a la asociación entre el café descafeinado y el riesgo de diabetes, la asociación no se debería sólo a la cafeína. Según los investigadores podrían participar otros componentes del café y el té como el magnesio o antioxidantes como los lignanos o los ácidos clorogénicos.

Los autores concluyen que si se pudiera observar estos efectos beneficiosos en ensayos clínicos de intervención, los resultados tendrían importantes implicaciones para millones de pacientes de diabetes. Así, la identificación de los componentes activos de estas bebidas abriría nuevas vías terapéuticas para la prevención de la diabetes y se podría aconsejar a los pacientes bajo mayor riesgo de diabetes que aumentaran su consumo de té y café, además de sus niveles de actividad física o la pérdida de peso.

Una guía fomenta hábitos de vida saludables en personas con síndrome de Down

guia downUna guía dirigida a familias y profesionales enseñará cómo prevenir la obesidad en personas con síndrome de Down y fomentar hábitos de vida saludables. Este libro se enmarca en la campaña ‘¡Estoy en plena forma!‘, que ha sido puesta en marcha por la asociación Down España, en colaboración con una compañía de seguros.

Según destacaron representantes de ambas entidades, la mitad de las personas con síndrome de Down es propensa al sobrepeso, y la existencia de factores genéticos que condicionan la obesidad de las personas con síndrome de Down, en los que no se puede incidir, hace que sea “fundamental” poner en práctica las recomendaciones que aparecen en esta guía.

El gerente de Down España, Agustín Matía, explicó que “se trata de un pequeño manual sencillo”, elaborado por expertos médicos, que busca aportar un material de apoyo a estas familias con sencillas pistas”, y en ella se ha planteado qué hábitos se pueden cambiar en las personas con síndrome de Down.

Además, añadió que estas recomendaciones no están dirigidas sólo a la prevención de la salud, sino “sobre todo al desarrollo de hábitos”, así como a fomentar la autonomía de las personas con este síndrome. Además, destacó que esta guía incluye unas imágenes y un texto de fácil lectura, con indicaciones visuales fáciles y que apoyan la lectura y comprensión del mensaje.

En concreto, la publicación incluye tres apartados. El primero, dirigido a la “buena alimentación”, en la que aparece un “semáforo” para indicar qué alimentos se pueden comer a diario, cuáles han de comerse moderadamente, y qué productos solo se pueden consumir en ocasiones especiales.

Asimismo, en este apartado se detalla qué tipo de alimentos debe incluir un buen desayuno o una merienda, así como las propiedades alimenticias, el peso que ha de tener la ración o la frecuencia. Entre las recomendaciones, la guía destaca que un buen alimento como merienda son la fruta, el yogur o un bocadillo pequeño, y aconseja evitar dulces refrescos, pan dulce o “golosinas”. Para lograr un efecto visual más atractivo, divide estos dos grupos de comida saludable y alimentos poco sanos en un cuadro rojo y otro verde, respectivamente.

60 Minutos de Actividad Física Diaria

El apartado ‘Actividad física’ destaca en color verde la importancia de pasear, participar en juegos fuera de casa e ir caminando a la escuela para poder estar en forma, mientras que muestra en rojo que permanecer sentado en el sofá, jugar con videojuegos más de dos horas o subir siempre en ascensor no contribuye a tener un cuerpo sano.

Asimismo, la recomendación de ejercicio físico es de 60 minutos diarios, distribuido en las distintas actividades diarias de cada persona, ya que, según destacó Matía, no se pretende que estas personas realicen un gran esfuerzo físico ni que practiquen tanto deporte como un atleta, sino que mejoren su salud, su autonomía, su autoestima y su integración.

Por último, el tercer punto que aborda esta guía son los controles sanitarios, que incluye la valoración del estado general y nutricional, el control del peso, la exploración anual de hormonas tiroideas mediante el control de TSH (hormona estimulante del tiroides), exploración biológica de celiaquía, hábitos de higiene dental, así como la visita anual al dentista.

Por su parte, el director de comunicación y responsable empresarial de la compañía de seguros, Miguel García, indicó que se podrá llegar a 11,000 ó 12,000 personas, y que el objetivo son especialmente los niños y los más jóvenes. Asimismo, destacó que “no se limita al ámbito interno, sino que llega a colegios, asociaciones y ayuntamientos”.

La iniciativa ‘¡Estoy en plena forma!’ se complementa también en una serie de ‘Talleres saludables’ que se ralizarán en los próximos días en asociaciones de Down España. Estas aulas contarán con material didáctico de apoyo sobre nutrición y pretenden, a través de juegos y dinámicas de grupo, implicar directamente a las personas con trisonomía 21 y a sus familias en la adquisición de hábitos saludables.

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